Pocos días después del ataque terrorista comenzaron a circular múltiples leyendas urbanas, cada cual más delirante. La más famosa fue incluso promovida en un libro por el francés Thierry Meyssan, quien aseguró que en el Pentágono no se estrelló un avión sino un misil disparado deliberadamente (¿entonces dónde están los pasajeros del vuelo 77 de American Airlines?). Un grupo importante de fanáticos de las teorías de conspiración está convencido de que los atentados fueron organizados por el propio gobierno estadounidense, con la participación del Mossad israelí, con cualquier cantidad de fines absurdos.
El más repugnante de estos falsos rumores asegura que “unos 4000 judíos que trabajaban en el World Trade Center fueron alertados, no se presentaron a trabajar el 11 de septiembre y así salvaron la vida”. El número 4000 parece haberse originado en un reporte del Jerusalem Post del 12 de septiembre de 2001, que informaba: “El Ministerio de Relaciones Exteriores ha recibido hasta el momento los nombres de 4000 judíos que se cree estaban en el área del World Trade Center y el Pentágono en el momento de los ataques”.
Por lo visto la información fue distorsionada primero en el diario oficialista sirio Al Thawra y el canal de televisión de Hezbolá Al Manar, y fue rebotada en Moscú por Pravda. Aunque ningún medio serio se hizo eco, la leyenda de los judíos que sabían de antemano sobre los ataques terroristas se difundió velozmente por Internet. En la actualidad, por sorprendente que parezca, buena parte de la población de los países musulmanes sigue convencida de que el 11/9 fue planificado y ejecutado por los norteamericanos y los “sionistas”, y que efectivamente ningún judío se presentó a trabajar en el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001.
El mito de los 4000 judíos se difundió tanto que incluso el Departamento de Estado de Estados Unidos lo mencionó en un desmentido sobre las teorías de conspiración, lo cual por supuesto exacerbó la leyenda entre los llamados “conspiranoicos”.
Según el Wall Street Journal del 11 de octubre de 2001, solo unos 1700 de los 2071 trabajadores que perdieron la vida en el World Trade Center (sin contar los visitantes ni los bomberos) habían sido identificados por su religión; de estos, un diez por ciento eran judíos. Un año más tarde, la revista Jewish Week informó que unas 400 víctimas habían sido confirmadas como judías o existían fuertes indicaciones de que lo eran. Tan solo Cantor Fitzgerald, firma financiera que perdió 390 empleados, informó de 49 servicios religiosos judíos, es decir, un 12 por ciento del total de los fallecidos de esa compañía.
Como las cifras pierden significado, esta es una lista parcial de los empleados judíos tan solo de Cantor Fitzgerald que murieron en la Torre I del World Trade Center:
Lee Alan Adler, 48 años, diseñador de programas informáticos. De Springfield, New Jersey.
Joshua Aron, 29 años, operador de renta variable. El 16 de septiembre cumpliría un año de casado con su esposa Rachel.
Michael Edward Asher, 53 años, vicepresidente y arquitecto de tecnología. Dejó una viuda y dos hijos adolescentes. De Monroe, New York.
Debbie S. Bellows, 30 años, asistente ejecutiva. Dejó a su esposo viudo; aún no tenía hijos. De Scarsdale, New York.
Alvin Bergsohn, 48 años, operador de renta variable. Dejó una viuda y dos hijos. De Baldwin Harbor, New York.
Shimmy D. Biegeleisen, 42 años, vicepresidente de inversiones fiduciarias internacionales. Dejó una viuda y cinco hijos.
Joshua David Birnbaum, 24 años, asistente de venta de bonos. De Long Beach, New York.
Kevin Sanford Cohen, 28 años, miembro del personal de soporte de computación. De Metuchen, New Jersey.
Michael Allen Davidson, 27 años, trabajaba en venta de opciones. Iba a casarse en julio de 2002 con Dominique DeNardo. De Scotch Plains, New Jersey.
Steven Mark Fogel, 40 años, vicepresidente y consultor general. Dejó una viuda y dos hijos. De Westfield, New York.
Morton H. Frank, 31 años, agente de bolsa. En la universidad fue miembro de la fraternidad Alpha Epsilon Pi. Tenía 14 meses de casado.
Arlene Eva Fried, 49 años, vicedirectora y asistente de consultoría. Estudió Derecho después de tener a sus tres hijos. Hija de sobrevivientes del Holocausto. De Roslyn, New York.
Douglas B. Gardner, 39 años, vicedirector. Dejó una viuda y dos niños. De la ciudad de Nueva York.
Marina Romanova Gertsberg, 25 años, inmigrante de Rusia. Entró a trabajar en Cantor Fitzgerald una semana antes. De Brooklyn, New York.
Jeffrey Grant Goldflam, 48 años, oficial principal de finanzas. Dejó una viuda y dos hijos. De Melville, New York.
Mónica Goldstein, 25 años, especialista contable. Iba a casarse en 2002. De Bay Terrace, New York.
Fuentes:
Página sobre leyendas urbanas: www.snopes.com
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